Comprender la intensidad de carbono

En el panorama energético actual, hay un indicador que está marcando la forma en que se producen, evalúan y valoran los combustibles: la intensidad de carbono (CI).
Para los productores de combustibles renovables, el índice de impacto climático (CI) no es solo una medida técnica. El CI es uno de los indicadores más importantes del impacto ambiental, la eficiencia operativa y la competitividad en el mercado. Programas como la Norma de Combustibles de Bajo Contenido de Carbono (LCFS) de California sitúan al CI en el centro de la transición hacia los combustibles limpios, premiando a aquellos combustibles que producen menos emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de su ciclo de vida.
Pero, ¿qué significa exactamente «intensidad de carbono» y por qué es importante?
Comprender la intensidad de carbono
La intensidad de carbono mide las emisiones totales de gases de efecto invernadero asociadas a la producción y el uso de un combustible, expresadas en gramos de CO₂ equivalente por megajulio de energía (gCO₂e/MJ).
La palabra clave aquí es «total».
El CI no solo tiene en cuenta las emisiones generadas por la combustión de un combustible en un vehículo. Por el contrario, abarca todo el ciclo de vida, desde el campo hasta el tanque de combustible. Esto incluye las emisiones procedentes de:
Cultivo y cosecha de materias primas
- Transporte de materias primas
- Producción del combustible en una planta
- Energía consumida durante el procesamiento
- Distribución del combustible terminado
- Combustión final en los vehículos
Dado que evalúa todo el ciclo de vida, la CI ofrece una visión mucho más precisa del impacto ambiental real de un combustible.
Por qué la intensidad de carbono está transformando el mercado de los combustibles
A medida que los gobiernos y las industrias se esfuerzan por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, las políticas favorecen cada vez más a los combustibles con índices de impacto climático más bajos. En mercados como el de California, los combustibles con menor intensidad de carbono generan valiosos créditos en el marco de la Norma de Combustibles de Bajo Contenido de Carbono (LCFS). Estos créditos contribuyen a incentivar la innovación y la inversión continuas en vías hacia combustibles más limpios. Para los productores, esto significa que el desempeño en materia de emisiones de carbono es tan importante como el volumen de producción.
Los combustibles con un índice de cetano (CI) más bajo pueden provocar:
- Mayor generación de crédito
- Mejora de la rentabilidad en los mercados regulados de combustibles
- Un posicionamiento más sólido en las cadenas de suministro bajas en carbono
En otras palabras, cuanto más limpio sea el ciclo de vida del combustible, más valor puede generar.
El camino hacia una menor CI
Reducir la intensidad de carbono requiere una mejora continua en todo el proceso de producción. Para los productores de etanol, esto puede incluir:
- Aumentar la eficiencia de la planta
- Integración de fuentes de energía renovables
- Captura y aprovechamiento del dióxido de carbono
- Mejorar el abastecimiento de materias primas y la logística
Cada mejora reduce las emisiones asociadas al ciclo de vida del combustible.
Con el tiempo, estos cambios graduales pueden reducir drásticamente la huella de carbono de una instalación —y su puntuación de CI—.
El compromiso de Calgren con la reducción continua de los costes de desarrollo
En Calgren, la reducción de la intensidad de carbono no es una iniciativa puntual. Es un compromiso continuo que define nuestra forma de operar e invertir de cara al futuro.
Nuestras instalaciones están diseñadas para maximizar la eficiencia e integrar tecnologías que contribuyan a reducir las emisiones a lo largo del ciclo de vida. Durante la fermentación del etanol, se produce dióxido de carbono de forma natural a medida que la levadura transforma los azúcares en etanol. Hoy en día, ese CO₂ puede capturarse y purificarse para su uso en aplicaciones industriales, como el procesamiento de alimentos y la carbonatación de bebidas, donde sustituye al CO₂ que, de otro modo, tendría que producirse a partir de otras fuentes.
Calgren también sigue impulsando el Proyecto de captura y almacenamiento de carbono de Tulare, lo que permitirá almacenar de forma permanente el CO₂ capturado en formaciones geológicas a gran profundidad. A diferencia de la reutilización industrial, esta forma de captura y almacenamiento de carbono (CAC) secuestra el CO₂ de forma permanente y puede reducir significativamente la intensidad de carbono del combustible producido en la planta.
Calgren también integra soluciones de energía renovable, entre las que se incluyen sistemas de gas natural renovable que convierten el estiércol de las granjas lecheras en combustible apto para su transporte por gasoductos. Al transformar los residuos agrícolas en energía aprovechable, contribuimos a reducir las emisiones de metano y, al mismo tiempo, apoyamos a las explotaciones lecheras locales.
Estas iniciativas reflejan una filosofía más amplia: la energía limpia funciona mejor cuando los sistemas están interconectados. Al vincular la agricultura, la producción de combustibles y la infraestructura de energía renovable, podemos reducir las emisiones y, al mismo tiempo, fortalecer las economías rurales.
Mirando hacia el futuro
El papel de la intensidad de carbono en los mercados de combustibles no hará más que seguir creciendo.
A medida que los sistemas de transporte, agricultura y energía colaboran para reducir las emisiones, el CI ofrece una forma clara y coherente de medir los avances. Ayuda a los productores a innovar, a los responsables políticos a crear incentivos eficaces y a los consumidores a acceder a opciones de combustible más limpias.
Para Calgren, el objetivo es sencillo: seguir mejorando el rendimiento en materia de emisiones de carbono de los combustibles que producimos, al tiempo que apoyamos a las comunidades y las industrias que hacen posible la energía renovable.